Lineas para unir océanos

Malévich acostumbraba decir que cada superficie plana pintada transformada en relieve pictórico es una escultura artificial y que todo relieve saliente, transformado en superficie plana, es pintura. A mi me gusta la obra de Sbarbaro porque asume la herencia de Malévich.

Pero Sbarbaro podría ser nieto o sobrino, pariente o alumno de Torres García, porque viene de Montevideo, porque construye el espacio, porque ha sabido crear unanueva síntesis entre aquel mar y este. Para Torres García, el gran constructor de sueños uruguayo-catalán, un artista debe confirmar la importancia primordial de una estructura y esta debe orientarse claramente hacia la simplicidad de elementos, hacia la búsqueda de equilibrio, de unidad; para Torres, el artista plástico es antes de todo un constructor que tiene que dar una visión de ritmos y de tonos, de geometría y de planos. Sbarbaro, que no ha conocido al imaginativo constructivista, lleva la Escuela del Sur en la sangre. Pero su misión es otra. Su constructivismo tiene aquel rigor del lejano maestro, pero es sobretodo fantasía

Sbarbaro ha descubierto el Mediterráneo, éste lo ha adoptado y el artista se lo ha apropiado completamente, lo ha hecho suyo, interpretándolo con líneas, a menudo con una sola. Cadaqués son barcas y paisajes, casas, líneas, colores, el blanco sobre todo, el azul del mar, el ocre de la tierra, el gris de la niebla, el negro de las montañas quemadas. Pero ahora ya existe un Cadaqués de Sbarbaro, un timón, la línea de una casa, el horizonte que él imagina.

Los cuadros de Sbarbaro son pinturas y esculturas a la vez, las barcas hablan, 10s paisajes se mueven. Sus obras pequeñas son grandiosas, las grandes inmensas. El es de aquellos, pocos, que con una sola línea puede definir el universo; y de hecho lo hace. Parece sencillo jugar con dos trozos de cartón o de madera, con una línea que parece moverse sola. Ahí está la dificultad, cuando la aparente sencillez de un trazo, fruto inconsciente de larga, continuada y profunda meditación, lleva la línea a seguir un determinado recorrido en el espacio y a traducirse concretamente, con espontaneidad, sobre la tela, la madera o el papel.

El taller de Sbarbaro en Cadaqués está lleno de máximas, de notas, de líneas y de ilusiones. Allí, Sbarbaro construye un futuro universal en clave catalana. El paisaje no traiciona. Y Sbarbaro lo interpreta con emoción, hablando catalán, mirando el mar. El maestro del rigor constructivo decía: “Una superficie que no se organiza no es capaz de emocionar, ni de impresionar a nadie”. Sbarbaro, que no pinta como Torres García, concibe la pintura como “Un plano, una línea, una ventana en el espacio, un mar de soluciones y de ilusiones a compartir, a plasmar en una tela”.

Si Sbarbaro tuviera una misión Ia cumpliría con pintura. Y de hecho sin saberlo la tiene. Parece como si estuviera convencido de que el mar de las pateras que separa continentes pudiera volver a unirnos. Para ello construye un mundo mental con ritmos, tonos, geometrías y planos. Pero donde Sbarbaro es grande, muy grande, y donde supera a los demás es en el uso que hace de la línea, una línea pintada, construida, trazo infinito concreto aparentemente continuo que desvela un optimismo que aún existe y que se transforma en línea potente, inmensa. Despintarla mentalmente es uno de mis placeres personales. Así se interpreta el paisaje.

 
Xavier Barra i Altet – Barcelona
Catedrático de Historia del Arte
Ex director general del Museu Nacional d’Art de Catalunya
Miembro del Institut d’Estudis Catalans de Barcelona y de las Reales Academias de la Histona y de Bellas Artes de San Fernando de Madrid